Asistimos a un momento crítico en el mundo, es como si de pronto la acumulación de problemáticas hubieran llegado justas a un determinado punto de interconexión y nos pusieran a prueba, la prueba del siglo XXI: ¿podemos cambiar?
Hace ya más de 30 años que un “modelo” de pensamiento se hizo hegemónico: el neoliberalismo, y arrasó a los gobiernos, a los países, pero sobre todo a las sociedades, a un modo de concebir el desarrollo económico, el papel del Estado, a una forma individualista de comportamiento; a un cambio de hacer la política y muchos etcéteras, que son su conjunto éste “modelo de pensamiento”.
Pese a la “venta de éxito” del “modelo” y bajo la consigna de que “no hay de otra”, los malos resultados no se hicieron esperar, es mentira que todo fue miel sobre hojuelas, también es necesario aclarar que no siempre existió consenso sobre las políticas y las formas de ver y hacer las cosas, en todo momento el rechazo ideológico y político estuvo presente, pero el viento huracanado de la globalización, el “poder de los mercados” (así de abstracto se dijo y se sigue diciendo) sobre el Estado y la política aplastaba las críticas. En esto un gran papel jugaron los medios masivos (y globales) de comunicación, así como el desarrollo tecnológico a la hegemonización neoliberal; vaya hasta se llegó a hablar del “fin de la historia” y el triunfo de la democracia liberal y del mercado de manera definitiva.
Sin embargo el discurso triunfalista del neoliberalismo experimentó profundos baches, pero como sólo se daban en países en “vías de desarrollo” pues hasta servía de argumento para insistir que eso descalabros, eran producto del atraso ancestral, de la debilidad de las estructuras económicas, de la corrupción, del proteccionismo aún existente etc., y presurosos el Banco Mundial, el FMI y hasta los gobiernos de los países desarrollados acudían en ayuda, claro con la condición de profundizar el modelo neoliberal, realizar “reformas estructurales”, “adelgazar el Estado” etc. etc.
Ejemplos de estas crisis son desde la de diciembre de 1994 en México, hasta la actual. Pero fue hasta septiembre de 2008 con la quiebra de los bancos y su impacto e n la economía real, en la llamada “crisis de las hipotecas” o de los bonos basura, cuando se evidenció aún más la crisis del neoliberalismo ¿por qué?, por el origen de dicha crisis: los Estados Unidos de América y países desarrollados de Europa.
Nuevamente los centros de poder global quisieran acotar la crisis, decir que era pasajera y en su caso machacar aún más el discurso neoliberal para los países más débiles de Europa a saber: Grecia, España, Italia, Portugal ¿las recetas?, lo mismo, más privatizaciones reducción del Estado, elevar la vida laboral, recortes de prestaciones sociales y fe absoluta en las leyes del mercado.
Pero hace unos días las calificadoras no pudieron ocultar más la crisis fiscal del Estado norteamericano y lo dieron a conocer. Mediáticamente se quiere aparecer como una “nueva” crisis, pero no, no nos confundamos es la misma crisis que comenzó en septiembre de 2008, es la “cruda” del pago por el rescate de los bancos, de la industria automotriz, de los inmobiliarios entre otros, de los 700 mil millones de dólares que el gobierno de Obama uso para el rescate y el costo de la guerra contra el “eje del mal” que Bush el pequeño, inició después del 11 de septiembre de 2001, es entonces el desenlacé de una crisis acumulada del neoliberalismo.
Entonces estamos ante evidencias de esa crisis, gobiernos quebrados, crisis financieras, crisis en la economía real más los efectos sociales, hoy en las calles: los trabajadores y los jóvenes sin empleo en Grecia, los indignados de España, los estudiantes en Chile, los jóvenes saqueadores en Inglaterra y sin duda los jóvenes de los países árabes del norte de África.
Ahora como rezaba la frase del viejo Marx “… todo lo sólido se desvanece en el aire”, sólo los más fundamentalista neoliberales siguen con el mismo recetario da todas luces caduco y fracasado, si es que alguna vez tuvo viabilidad. Hoy urge que se piense en una alternativa global, en nuevas instituciones, nuevas reglas y un nuevo y renovado rol del Estado, que genere crecimiento económico, que de empleo, que garantice la seguridad social y los derechos laborales; un Estado fuerte y eficiente, finanzas públicas sanas, un mercado regulado con firmeza por el Estado y un combate verdadero a la pobreza y a la desigualdad entre otros.
No se trata de volver la vista atrás, la social democracia no está en su mejor momento y sus últimos líderes no son un referente, se trata de pensar paradigmas con alternativas globales, mirando al futuro con principios renovados, democráticos y de justicia social. Hacerlo ya nos conviene a todos.